måndag 7 mars 2011

El dios que esta en todas partes.

El dios que esta en todas partes.


¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?
(Jeremías. 23:23-24)
Dios tiene una cualidad que ningún otro ser posee: la Omnipresencia. Este atributo significa que Dios está en todas partes. Pero ¿cómo puede ser esto? Vamos a compartir este tema.
Es maravilloso, es algo que el hombre ni siquiera alcanza a comprender en toda su magnitud, pero es una realidad: no importa en qué lugar del universo estemos, jamás hallaremos un sitio donde no esté Dios. ¡Esto quiere decir que Dios está presente en todo lugar al mismo tiempo! No es que Dios se divida para estar en todo lugar, sino que toda su persona, con todo su poder y su gloria, no tiene siquiera la necesidad de moverse de un sitio a otro para dominar el escenario.
Esta verdad respecto a la Omnipresencia de Dios debería impresionarnos y hacernos vivir en santidad, pues queda claro que no podemos escondernos de Él para pecar. Recordemos siempre que Dios nos ve y nos oye en todo lugar y en todo momento.
I. La grandeza del universo y la Omnipresencia de Dios.
El universo es vasto y, según los expertos, continúa permanentemente en expansión.
Nuestro entendimiento no alcanza para abarcar sus límites. Cuando mucho, el hombre ha logrado dejar sus huellas en la luna, ubicada a unos 384 mil kilómetros de la tierra.
Dios ya estaba allí desde el principio.
Alcanzamos a ver al sol, ubicado a unos 150 millones de kilómetros. Mercurio, el planeta más cercano al sol, se encuentra a sólo 58 millones de kilómetros del sol. Plutón, un planetoide, se encuentra a seis mil millones de kilómetros de distancia y tarda 247 años terrestres para completar una sola órbita alrededor del sol. El sol mismo está a casi 150 millones de kilómetros de la tierra. Dios está allí, para el hombre es imposible; Dios llena todas esas distancias, todas esas órbitas, todos esos kilómetros, todos esos vacíos.
Según los astrónomos nuestra galaxia –llamada la Vía Láctea- mide 100 mil años luz de un extremo al otro. Un año luz es la distancia que la luz viaja en un año a su velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Esto da como resultado 9 billones cuatrocientos sesenta mil ochocientos millones de kilómetros en forma lineal. Es una extensión incalculable, y Dios está en un extremo, y en el otro, y en todo el trayecto. Las medidas en kilómetros son insuficientes para medir la inmensidad del universo. Dios no tiene ese problema. Él no tiene que viajar, Él no se desplaza: simplemente está en cada rincón de tan vasto universo.



II. Sólo Dios es Omnipresente.
Estar en todo lugar solo es posible para Dios porque, en esencia, «Dios es Espíritu»
(Juan 4.24). Él no «decide» ir a un lugar, ¡Él ya está allí!
Jeremías 23:23-24 ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
Versión PDT
Jeremías 23:23-24 »El Señor dice: “¿Es que soy Dios sólo de lo que tengo cerca? ¿Acaso no alcanza mi poder divino lo que está lejos? ¿Podrá un ser humano ocultarse en un escondite donde yo no pueda verlo? ¿No lleno yo con mi presencia los cielos y la tierra?”
Entendemos con esto que no hay tiempo ni lugar que escapen a Su presencia. En otras palabras, Dios no está limitado ni restringido al tiempo ni al espacio.
Sobre el tiempo:
2 Pedro 3:8 Más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
Sobre el espacio:
Sal 139:7-10 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, aún allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra.
Por nuestra parte no podemos siquiera soñar con la posibilidad de ser infinitos: nuestra vida tiene un límite, como también lo tiene nuestro cuerpo, nuestra presencia está sujeta a un solo tiempo y aun sólo lugar. Es decir, siempre estamos “aquí” y “ahora”; jamás podremos estar a la vez aquí y allá, nunca podremos estar ayer y hoy y mañana. Dios está.
Esta realidad hace abominable, por ejemplo, la llamada oración a los santos, la invocación de hombres y mujeres que vivieron en un tiempo en la tierra pero que ya no están más en ella. Cuando alguien hace una invocación de este tipo, está atribuyendo la omnipresencia, exclusiva de Dios, a una persona: Dios estuvo ayer y está hoy, aquí y allá, mientras que el santo estuvo ayer pero no puede estar ahora; en vida estuvo en un sitio a la vez, hoy no puede estar en ninguno aquí en la tierra. Las oraciones a los santos, evidentemente, son oraciones vacías, que no llegan a ninguna parte y que además ofenden a Dios.
Al describir nuestra finitud y limitación y contrastarla con la Omnipresencia de Dios, nos damos cuenta de nuestra pequeñez y de Su grandeza.
Isa 57:15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
Dios no está limitado por el tiempo porque es Eterno. Y tampoco está limitado por el espacio porque es omnipresente. Pero va incluso más allá: no sólo está en todo tiempo y en todo lugar sino que trasciende de esos conceptos. En esto consiste la revelación de sí mismo como
El Gran Yo Soy: Él es el que existe en sí mismo, el que no tuvo principio ni tendrá fin, Él es el que Es.
Él no tiene «pasado» ni «futuro». El «pasado» y el «futuro» son conceptos humanos, la eternidad es divina. Resalto aquí que tiempo y eternidad no son la misma cosa, y que la eternidad no es un «largo tiempo». ¡Su eternidad es por siempre y para siempre!
Pablo en Atenas.
Hechos 17:23-29 Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.
¿Hará falta abundar en semejante discurso de Pablo? Solamente, tal vez, concluir que la idolatría es una necedad.
III. La Omnipresencia de Dios y Su manifestación.
Surgirá la pregunta: Si Dios está en todas partes, ¿está también, por ejemplo, en un prostíbulo? La respuesta es sí: pero no se manifiesta.
La manifestación de Dios se percibe a través de lo que vemos y lo que sentimos. Dios está en todas partes pero no siempre se muestra, no siempre se manifiesta.
Dios, además, se manifiesta de diferentes maneras.
1Reyes 19:11-13. Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto.
Analicemos. El profeta Elías estaba en una cueva. Dios, obviamente, ya estaba allí. Este hombre experimentó cuatro manifestaciones mediante las cuales, en el pasado, Dios ya se había mostrado:
Primero fue un viento fuerte. Cuando Dios habló en el Sinaí con Moisés sus palabras eran como un torbellino entre relámpagos y truenos. Es decir, Dios se manifestó como un viento fuerte. Pero en el caso de Elías, Dios no venía en ese viento. Después vino un terremoto. Cuando el Señor descendió sobre el Sinaí, dice la Biblia, aquel monte temblaba porque Dios está allí. Más en ese terremoto tampoco estaba Dios. La tercera manifestación que vio Elías fue un fuego. Dios ya se había manifestado así a Moisés cuando le habló en la zarza que ardía. Más, ahora, Dios no estaba en el fuego.
Observemos que, aunque Dios se manifiesta en su soberanía como Él quiere, siempre lo hace de acuerdo con las Escrituras. De otra manera, correríamos el riesgo de ser engañados fácilmente como, tristemente, ocurre con muchos creyentes hoy en día que, por desconocer las Escrituras, se dejan llevar por manifestaciones espirituales ajenas al mover genuino de dios.
Finalmente, volviendo con Elías, vino un silbo, un viento delicado y apacible. En éste viento, declara la Biblia, sí estaba Dios.
Aprendamos la lección: Dios se manifiesta de muchas formas, pero no es posible encasillar Su presencia en tal o cual manifestación. Elías no era un profeta que andaba tras las manifestaciones de Dios, por lo que pudo discernir que Dios no estaba en las primeras tres manifestaciones como algún otro pudiera haber pensado. Por ello, Elías no salió de la cueva cuando se produjo el viento fuerte, cuando vino el terremoto, cuando ardió el fuego, sino que espero al silbo apacible. Todo creyente verdadero debe discernir cuándo Dios está manifestándose y cuándo no.
Ahora, entendamos que el mismo hecho de que Dios decida manifestarse o no hacerlo es parte de Su soberanía. Así, el hecho de que no haya una manifestación no significa que el Señor no está en medio de nosotros.
Mat 28:20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Primero fue un viento fuerte. Cuando Dios habló en el Sinaí con Moisés sus palabras eran como un torbellino entre relámpagos y truenos. Es decir, Dios se manifestó como un viento fuerte. Pero en el caso de Elías, Dios no venía en ese viento. Después vino un terremoto. Cuando el Señor descendió sobre el Sinaí, dice la Biblia, aquel monte temblaba porque Dios está allí. Más en ese terremoto tampoco estaba Dios. La tercera manifestación que vio Elías fue un fuego. Dios ya se había manifestado así a Moisés cuando le habló en la zarza que ardía. Más, ahora, Dios no estaba en el fuego.
Observemos que, aunque Dios se manifiesta en su soberanía como Él quiere, siempre lo hace de acuerdo con las Escrituras. De otra manera, correríamos el riesgo de ser engañados fácilmente como, tristemente, ocurre con muchos creyentes hoy en día que, por desconocer las Escrituras, se dejan llevar por manifestaciones espirituales ajenas al mover genuino de Dios.

Efe 1:17-23 …que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.


Inga kommentarer:

Skicka en kommentar