söndag 13 mars 2011

Dios y la Materia.




11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 
De acuerdo con la sentencia bíblica de Hebreos 11:3, todo aquello que podemos ver, tocar y sentir con nuestro cuerpo y medir con instrumentos científicos, procede de una realidad existente previa no perceptible por
los sentidos ni por los instrumentos científicos antes mencionados. Como el mismo texto dice, esta realidad solo es asumible desde la perspectiva de la fe (bíblica y cristiana, queremos decir), por lo que cualquier aproximación al presente artículo que carezca de tal orientación está apriorísticamente condenada al desengaño. La sentencia anterior hace no solo lícito, sino también conveniente considerar que existe un sustrato espiritual oculto, invisible, en el corazón de la materia; un sustrato que confiere a cada una de las partículas del universo sus propiedades esenciales, tanto estructurales como funcionales, y en el cual, por ser de naturaleza espiritual, se incardina (o cabe) “algo espiritual”. Esta noción de la materia, seriamente coincidente con las concepciones de las teorías físicas de vanguardia en el campo de la mecánica cuántica (fundamentalmente teoría de cuerdas), permite hacer una relectura del Universo, de su naturaleza, de sus leyes y su finalidad de modo que se tornan ante nosotros plenamente comprensibles ciertas realidades “para-físicas” o “milagrosas” registradas en las Escrituras y que desde siempre han desafiado la razón natural del hombre. Si asumimos el asunto de este
modo, ¿qué implicaciones tendría en nuestra forma de entender lo espiritual y lo material, la energía, el espacio y el tiempo? ¿puede ayudarnos a entender la hermosa creación de Dios de una forma sencilla y, a la vez, apasionante? Para empezar, consideremos una caja de cartón ordinaria. Es un espacio tridimensional en el que caben objetos tridimensionales. Pues de este mismo modo, en este “sustrato de dimensión espiritual” constituyente de cada partícula del universo físico, cabe o puede incardinarse el espíritu. Es decir, Dios puede dar o poner espíritu de vida sobre la materia porque ésta tiene en su interior“espacios” o sustratos de una dimensión espiritual habilitados para ello. 


Este constituye el enlace entre espíritu y materia; un engranaje con resolución atómica y perfecta sobre cada partícula del universo. De acuerdo con las Escrituras, Dios puede ordenar a un espíritu inmundo que abandone la posesión del cuerpo de una persona, y puede ordenar al espíritu de un hombre fallecido volver a ocupar su materia original (resucitarlo); puede “incardinar espíritu en” y “corporeizar la” materia. ¿Dice en vano Jesús: “…”os digo que puede Dios, aún de estas piedras, levantar hijos a Abraham”? ¿Cómo puede Dios, ser espiritual, tener operatividad efectiva sobre la materia?... A partir de dicho sustrato de dimensión espiritual en el corazón de cada partícula (ya que éste, según su vibración, confiere a cada corpúsculo sus características constitutivas y funcionales), Dios, que gobierna el universo espiritual y físico, puede alterar totalmente la materia. Esto incluye transformarla (ej. alimentar a una gran multitud con cinco panes, o a todo un pueblo en el desierto durante 40 años, crear tejidos biológicos donde no los hay, sanar a un hombre ciego), gobernar las leyes físico-naturales (ej. caminar sobre el mar, aparecer en un lugar, producir la aparición de un ángel en forma corporal humana, transponer la materia o a un ser humano, impedir que el fuego queme el cuerpo de una persona), y tener poder sobre cada acontecimiento no solo físico, sino psíquico, tal como podemos leer en la Biblia (“crear en mí un corazón puro”, cegar el entendimiento de los hombres; quizás cerrar la boca de los leones). 
Todo esto tiene una implicación muy importante. Debido a que toda la materia que existe contiene (o se sustenta sobre) un sustrato de dimensión espiritual, Dios tiene gobierno sobre cada partícula subatómica del universo físico; todo le pertenece y puede actuar sobre todo lo físico que existe en el cosmos. Esto es, Dios es omnipresente (está en todo) y es omnipotente (no hay cosa que no pueda hacer). Además, también conoce todo cuanto acontece en cada lugar, conoce cada pensamiento e intención del corazón, la posición exacta de cada persona, lo que ocurrirá en el futuro, y un largo etc. Es decir, en virtud de este principio, Dios es también Omnisciente. Esta reflexión está en perfecta sintonía con la tradición teológica del poder de Dios, y también con el antiguo concepto metafísico de que “todo está unido en el universo”, intuición que ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia y ha quedado múltiples veces reflejada en producciones literarias de grandes hombres del pensamiento. 

Si la materia tiene como constituyente un sustrato espiritual, no es de extrañar que la naturaleza lo refleje a través de estas formas tan bellas como son las montañas, ríos, valles, vegetación, nieve, cuerpos celestes, galaxias, nebulosas, etc. Podemos considerarlo como algo parecido a algunos cristales naturales preciosos, que adoptan la misma forma física que la estructura interna de su enlace atómico. Es decir, la naturaleza física refleja la hermosura de su constitución espiritual: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1). Esto es motivo de alegría para el creyente, toda vez que cambiará definitivamente su forma de conceptualizar el mundo que le rodea y la materia de la naturaleza. Si cada cosa física que existe está materializada sobre una realidad espiritual (si ha sido hecho lo que se ve de lo que no se veía), trataremos las cosas con sumo respeto y humildad, sabiendo que todo es hermoso y pertenece en propiedad a su Creador. ¿Tiene esto alguna implicación sobre la energía o afecta solamente a la materia? Si recordamos uno de los más interesantes logros de la física del Siglo XX, materia y energía son dos formas absolutamente intercambiables del mismo fenómeno físico. Por tanto, el mismo sustrato espiritual constitutivo de la materia lo es también de la energía. Esto implica que el gobierno de Dios no es solo sobre la materia (pudiendo actuar sobre ella), sino también sobre la energía pudiendo generar procesos altamente energéticos o “portentos” en condiciones en las que no cabe esperar que ocurra nada; esto es, de forma inesperada, en el lugar y momento que el propósito de Dios determine para su gloria y para bendición de sus hijos. ¿Recordamos la columna de fuego que protegía y guiaba al pueblo de Israel en el desierto? Ahora bien, las implicaciones del texto de Hebreos 11:3, si hemos de entenderlo de esta manera y llevarlo hasta sus últimas consecuencias, alcanzan de una forma significativa y admirable a otros conceptos no menos intrincados, propios de la física moderna, como son el “espacio” y el “tiempo”. ¿Cómo afecta al espacio?... Sencillo. Siendo el sustrato espiritual de la materia un espacio habilitado para su ocupación por un ente espiritual, y pudiendo así mismo ser ocupado no solo por uno, sino por dos o más entes espirituales (ej. el Espíritu de Dios que mora en mí, o también la “posesión demoníaca” de un demonio o de legiones de demonios), el universo de lo espiritual no está limitado por las mismas leyes del espacio material según las cuales dos objetos no pueden ocupar simultáneamente el mismo espacio debido a la repulsión electromagnética. Es decir, el universo espiritual no está sujeto a las mismas restricciones espaciales que eluniverso físico. Pero… ¿También afecta al concepto de tiempo? Si según las Sagradas Escrituras un ente
espiritual, por ejemplo un ángel, puede materializarse en cualquier parte del universo físico de forma instantánea (y no solo un ángel, pues a Enoc lo llevó Dios, y Jesús apareció ante sus discípulos a puerta cerrada), esto
implica que “no media ninguna unidad de tiempo para el transporte” de dicho ente, lo cual supone una clara y´absoluta disolución del concepto de “tiempo” en el universo de lo espiritual. ¡Qué hermosas y trascendentes
implicaciones tiene la revelación bíblica sobre las concepciones de la física moderna en torno al espacio-tiempo, la energía y otros aspectos de nuestra vida cotidiana! Las consecuencias de este modelo interpretativo del texto que encabeza nuestro discurso (Hebreos 11:3) son muy numerosas y sintonizan a la perfección con la innumerable cantidad de fenómenos sobrenaturales de la Biblia. El hombre de ciencia moderno trata de encontrar las bases constitutivas de la materia, pero no puede admitir las verdades de naturaleza espiritual porque no son reductibles a una fórmula físico-matemática unificada (como trata de hacer la teoría de cuerdas en su esfuerzo por unificar la TGR de Einstein con la Mecánica Cuántica), ni son susceptibles de experimentación en un laboratorio de física de partículas. Desde este punto de vista, la ciencia permanece en la dimensión reducida de “lo material”, y carece de la perspectiva de la dimensión espiritual que es la que da sentido a todo, desde la existencia del universo y su finalidad hasta la misma autoconsciencia humana. A.G.E.



Fuentes: • Broadman & Holman (Publishers) (1995): Biblia de estudio arcoiris. HBP: Nashville • Brian R. Greene,
The Elegant Universe: Superstrings, Hidden Dimensions, and the Quest for the Ultimate Theory, 1999 [El
universo elegante, Ed. Critica, Drakontos, ISBN 84-8432-781-7, 2006.] • Rees, Martin (2006), Universo: la guía
visual definitiva, Pearson Alhambra. ISBN 978-84-205-5141-8. 4


måndag 7 mars 2011

Profecia de un nuevo sol y una nueva tierra.

El hombre habrá poblado el cielo, la tierra y los mares con sus criaturas.
Mandará.Pretenderá los poderes de Dios.
No conocerá el límite. Pero todas las cosas se sublevarán.
Titubeará como rey borracho. Galopará como un caballero ciego
Y a golpes de espuela internará a su montura en el bosque.
Al final del camino estará el abismo.

Se erigirán Torres de Babel en todos los puntos de la Tierra.
En Roma y en Bizancio; Los campos se vaciarán;
No habrá más ley que mirar por uno mismo y por los propios.
Pero los bárbaros estarán en la ciudad. Ya no habrá pan para todos.
Y los juegos no serán suficientes.
Entonces la gente sin futuro provocará grandes incendios.

El oro estará en la sangre. El que contemple el cielo contará denarios.
El que entre en el templo encontrará mercaderes.
Los mandatarios serán cambistas y usureros.
La espada defenderá la serpiente,
Pero el fuego será latente.
Todas las ciudades serán Sodoma y Gomorra.
Y los hijos de los hijos se convertirán en la nube ardiente.
Ellos alzarán los viejos estandartes.

El hombre habrá cambiado la faz de la Tierra;
Se proclamará el señor y el soberano de los bosques y de las manadas.
Habrá surcado el sol y el cielo.
Y trazará caminos en los ríos y en los mares.
Pero la tierra estará desnuda y será esteril.
El aire quemará y el agua será fétida.
La vida se marchitará porque el hombre agotará las riquezas del mundo.
Y el hombre estará solo como un lobo en el odio a sí mismo.

El hambre oprimirá el vientre de tantos hombres
y el frio aterrirá tantas manos,
que estos querrán ver otro mundo.
Y vendrán mercaderes de ilusiones que ofrecerán el veneno.
Pero éste destruirá los cuerpos y pudrirá las almas;
Y aquellos que hayan mezclado el veneno con su sangre
Serán como bestias salvajes cogidas en una trampa.
Y matarán y violarán y despojarán y robarán.
Y la vida será un apocalipsis cotidiano.

Todos intentarán disfrutar tanto como puedan.
El hombre repudiará a su esposa tantas veces como se case.
Y la mujer irá por los caminos tomando al que le plazca.
Dando a luz sin poner el nombre del padre.
Pero ningún maestro guiará al niño.
Y cada uno estará sólo entre los demás.
La tradición se perderá y la ley será olvidada;
Como si no se hubiera anunciado, y el hombre volverá a ser salvaje.

Aquel que hable de promesas y de ley no será oído.
El que predique la fe de Cristo perderá su voz en el desierto.
Pero por todas partes se extenderán las poderosas aguas de las 

religiones infieles. Falsos Mesías reunirán a los hombres ciegos.
Y el infiel armado será como nunca antes había sido,
Hablará de justicia y de derecho, y su fe será de sangre y fuego.
Se vengará de la cruzada.

Multitudes de hombres serán excluidos de la vida humana.
No tendrán derechos, ni techo, ni pan. Estarán desnudos
y no tendrán más que su cuerpo para vender.
Se les expulsará lejos de las torres de Babel de la opulencia.
Se agitarán como un remordimiento o una amenaza.
 Ocuparán regiones enteras y proliferarán.
Escucharán las prédicas de la venganza y se lanzarán al asalto de las torres orgullosas.
 Habrá llegado el tiempo de las invasiones bárbaras.

La mirada y el espíritu de los hombres serán prisioneros.
Estarán ebrios y no lo sabrán. Tomarán las imágenes y los reflejos por la verdad del mundo.
Se hará con ellos lo que se hace con un cordero.
Y entonces vendrán los carniceros.
Los rapaces los agruparán en rebaños para guíarlos mejor hacia el abismo.
Y los levantarán a los unos contra los otros.
Se les matará para tomar su lana y su piel,
Y el hombre que sobreviva será despojado de su alma.

Reinarán los soberanos sin fe.
 Mandarán sobre multitudes humanas inocentes y pasivas.
Esconderán sus rostros y guardarán en secreto su nombre.
Y sus fortalezas estarán perdidas en los bosques.
Pero ellos decidirán la suerte de todo y de todos.
Nadie participará en las asambleas de su orden;
Todos serán verdaderos siervos,pero se creerán hombres libres y caballeros.

Habrá surgido un orden negro y secreto,
Su ley será el odio y su arma, el veneno.
Deseará siempre más oro y extenderá su reino por toda la Tierra,
Y sus servidores estarán unidos entre ellos por un beso de sangre,
Los hombres justos y los débiles acatarán su regla,
Los poderosos se pondrán a su servicio.
La única ley será la que dicte en la sombra;
Venderá el veneno aún dentro de las Iglesias.
Y el mundo avanzará con ese escorpión bajo el pie.

Regiones enteras serán botines de guerra,
Más allá de los límites romanos, e incluso en el antiguo territorio del Imperio.
 Los hombres de las mismas ciudades se degollarán,
Aquí habrá guerras entre tribus y allá entre creyentes.
Los judíos y los hijos de Alláh no dejarán de enfrentarse
Y la tierra de Cristo será su campo de batalla,
Pero los infieles querrán defender por todo el mundo la pureza de su fe,
y ante ellos no habrá más que duda y poder;
Entonces la muerte avanzará por todo el mundo como el estandarte de los tiempos nuevos.

El fragor de la muerte provocada avanzará como la tormenta sobre toda la Tierra;
Los bárbaros se mezclarán con los soldados de las últimas legiones.
Los infieles vivirán en el corazón de las ciudades santas;
Todos serán por turnos, bárbaros, infieles y salvajes. No habrá orden ni normas.
El odio se extenderá como la llama en el bosque seco. Los bárbaros masacrarán a los soldados. Los infieles degollarán a los creyentes.
 El salvajismo será cosa de cada uno y de todos, y las ciudades morirán.

El hombre se creerá Dios aunque no habrá progresado nada desde su nacimiento.Atacará vencido por la ira y por los celos.
Y su brazo estará armado con el poder del que se habrá adueñado;
Prometeo cegado podrá destruirlo todo a su alrededor.
Avanzará a pasos inmensos, pero no sabrá que camino tomar.
Su cabeza estará cargada de saber,
Pero ya no sabrá porque vive o porque muere.
Será, como siempre, el loco que gesticula o el niño que gime.

Todos sabrán lo que ocurre en todos los lugares de la Tierra.
Se verá al niño cuyos huesos están marcados en la piel.
Y al que tiene los ojos cubiertos de moscas, y al que se le da caza como a las ratas.
Pero el hombre que lo vea volverá la cabeza, pues no se preocupará sino de sí mismo.
Dará un puñado de granos como limosna, mientras él dormirá sobre sacos llenos.Y lo que dé con una mano lo recogerá con la otra.

Los hombres se juzgarán entre ellos según sea su sangre y su fe.
Nadie escuchará el corazón sufriente de los niños.
Se les echará del nido como pájaros a sus crías.
Y nadie podrá protegerles de la mano armada con guantalete.
El odio inundará tierras que se creían pacificadas.
Y nadie se librará, ni los viejos, ni los heridos.
Las casas serán destruidas o robadas.
Los unos se apoderarán del lugar de los otros.
Todos cerrarán los ojos para no ver a las mujeres violadas.

Los hombres serán tan numerosos sobre la Tierra,
que parecerán un hormiguero donde alguien clavará un bastón,
Se moverán inquietos y la muerte los aplastará con el talón
como a insectos enloquecidos.
Grandes movimientos los enfrentarán a los unos contra los otros;
Las pieles oscuras se mezclarán con las pieles blancas,
la fe de Cristo con el infiel. Algunos predicarán la paz concertada,
pero por todo el mundo habrá guerras de tribus enemigas.

Los hombres querrán franquear todas las murallas.
La madre tendrá el pelo gris de una vieja,
El camino de la naturaleza será abandonado,
Y las familias serán como granos separados que nada puede unir
Será,pues, otro mundo.
Todos errarán sin vínculos, como caballos desbocados,
corriendo en todas direcciones sin guía.
Desgraciado el caballero que cabalgue tal montura;
carecerá de estribos y se precipitará en la zanja.

Los hombres ya no confiarán en la ley de Dios,
sino que querrán guiar su vida como a una montura,
Querrán elegir a sus hijos del vientre de sus mujeres,
y matarán a aquellos que no deseen,
Pero,¿qué será de estos hombres que se creen Dios?
Los poderosos se apoderarán de las mejores tierras y las mujeres más bellas.
Los pobres y los débiles serán ganado.
Los poblachos se convertirán en plazas fuertes.
El miedo invadirá los corazones como un veneno.

Las enfermedades del agua, del cielo y de la Tierra atacarán al hombre y le amenazarán.
Querrá renacer lo que ha destruido y proteger su entorno;
Tendrá miedo de los días futuros,pero será demasiado tarde.
El desierto devorará la tierra y el agua se hará cada vez más profunda,
y algunos días se desbordará llevándoselo todo por delante, como en un diluvio.
Y al día siguiente la tierra carecerá de ella.
Y el aire consumirá el cuerpo de los más débiles.

El padre buscará el placer en su hija; el hombre en el hombre;
el viejo en el niño impúber, y eso será a los ojos de todos.
Pero la sangre se hará impura;
el mal se extenderá de lecho en lecho,
el cuerpo acogerá todas las podredumbres de la Tierra ,
 los rostros serán consumidos, los miembros descarnados.
El amor será una peligrosa amenaza para aquellos que se conozcan solo por la carne.

El hombre comerciará con todo.Todas las cosas tendrán su precio.
El agua, el árbol y el animal.
Nada será realmente dado, y todo será vendido.
Pero el hombre no valdrá entonces más que su peso en carne.
Se comerciará con su cuerpo como con canales de ganado.
Tomarán su ojo y su corazón.Nada será sagrado, ni su vida, ni su alma.
Se disputarán sus despojos y su sangre como si se tratara de carroña.

Los niños tambien serán vendidos.Algunos se servirán de ellos
como muñecos para disfrutar de su piel joven.
Otros les trataran como a animales serviles.
Se olvidará la debilidad sagrada del niño y su misterio.
Será como potro que se doma, como cordero que se sangra,
que se sacrifica.Y el hombre no será más que barbarie.

Los hombres sabrán hacer realidad los espejismos.
Los sentidos serán engañados y creerán tocar lo que no existe.
Seguirán caminos que sólo los ojos verán.Y el sueño podrá así hacerse realidad.
Pero el hombre ya no sabrá distinguir entre lo que es y no es.
Se perderá en falsos laberintos.Los que consigan dar vida a los espejismos,
se burlarán del hombre pueril, engañándole.
Y muchos hombres se convertiran en perros rastreros.

Se deberá temer por el hijo del hombre, El veneno y la desesperación le acecharán.
No se le habrá deseado más que por uno mismo, no por él o por el mundo.
Será acosado por el placer y a veces venderá su cuerpo,
Pero incluso el que sea protegido por los suyos, estará en peligro de tener el espíritu muerto.
Vivirá en el juego y en el espejismo,
¿Quién le guiará cuando no tenga maestro?
Nadie le habrá enseñado a esperar y a actuar.

El hombre habrá entrado en un laberinto oscuro;
Tendrá miedo y cerrará los ojos, pues ya no podrá ver,
Desconfiará de todo y temerá a cada paso,
Pero será empujado hacia adelante y no le será permitido detenerse.
La voz de Casandra será, sin embargo, potente y clara.Pero él no la oirá.
Pues querrá poseer más cada día y su cabeza se habrá perdido en las fantasías.
Los que serán sus maestros le engañarán y no tendrá más que malos consejeros.

La Tierra temblará en muchos lugares y las ciudades se hundirán;
todo lo que se haya construido sin escuchar a los sabios será amenazado y destruido,El lodo inundará pueblos y el suelo se abrirá bajo palacios.
El hombre se obstinará porque el orgullo es su locura.
No escuchará las repetidas advertencias de la Tierra.
El fuego destruirá las nuevas Romas, y entre los escombros acumulados,
los pobres y los bárbaros, a pesar de las legiones,saquearán las riquezas abandonadas.
El mar se alzará como agua enfurecida; las ciudades y las riberas quedarán inundadas.Y continentes enteros desaparecerán,
Los hombres se refugiarán en las alturas, y olvidando lo ocurrido, iniciarán la reconstrucción.

Entonces se anunciará el fin de los tiempos bárbaros,
Será el tiempo de un nuevo vigor de la fe,
Después de los días negros del inicio del año mil que viene después del año mil,
 empezarán los días felices.
El hombre reencontrará el camino de los hombres,
Y la tierra será ordenada.
El hombre conocerá un segundo nacimiento, el espíritu se apoderará de las gentes,que comulgarán en fraternidad.

Llegados plenamente al año mil que sigue al año mil...
Los hombres por fin habrán abierto los ojos
Ya no estarán encerrados en sus cabezas o en sus ciudades,
Se verán y se oirán de un lado a otro de la Tierra;
Sabrán que lo golpea a uno hiere al otro.
Los hombres formarán un cuerpo único, del que cada uno será una parte ínfima,
y juntos constituirán el corazón.
Y habrá una lengua que será hablada por todos, y nacerá así por fin, el gran humano.

El hombre habrá conquistado el cielo, creará estrellas en el gran mar azul sombrío.
Y navegará en esa nave brillante, Nuevo Ulises, compañero del sol, hacia la odisea celeste.
Pero también será soberano del agua.
Habrá construido grandes ciudades naúticas, que se nutrirán de las cosechas del mar.
Vivirá así en todos los rincones del gran dominio. Y nada le será prohibido.

Los caminos irán de una punta de la tierra y del cielo a la otra,
Los bosques serán de nuevo frondosos, y los desiertos habrán sido irrigados.
Las aguas habrán vuelto a ser puras. La Tierra será un gran jardín,
El hombre velará sobre todo lo que vive. Purificará todo lo que ha contaminado.
Así sentirá que toda la Tierra es su hogar.
Y será sabio y pensará en el mañana.

Los hombres podrán penetrar en las profundidades de las aguas,
Su cuerpo será nuevo y ellos serán peces,
Y algunos volarán más altos que los pájaros,
como si la piedra no cayera.
Se comunicarán entre ellos, pues su espíritu estará tan abierto
que recogerá todos los mensajes.Y los sueños serán compartidos.
Y se vivirá tanto como el más viejo de los hombres,
aquél del que hablan los libros sagrados.

El hombre conocerá el espíritu de todas las cosas.
La piedra o el agua, el cuerpo del animal o la mirada del otro;
Habrá penetrado los secretos que poseían los antiguos sabios.
Y empujará una puerta tras otra en el laberinto de la vida nueva,
Creará con la fuerza que brota una fuente,
Enseñará el saber a la multitud de los hombres.
Y los niños conocerán la tierra y el cielo mejor que nadie antes que ellos,
 y el cuerpo del hombre será más grande y más hábil,
Y su espíritu habrá abarcado todas las cosas y las habrá poseído.

El hombre ya no será el único soberano, pues la mujer empuñará el cetro.
Será la gran maestra de los tiempos futuros
y lo que piense lo impondrá a los hombres.
Será la madre de ese año que sigue al año mil.
Difundirá la dulzura tierna de la madre tras los días del diablo.
Será la belleza después de la fealdad de los tiempos bárbaros.
El año mil que viene después del año mil cambiará en poco tiempo,
Se amará y se compartirá, se soñará y se dará vida a los sueños.

El hombre habrá aprendido a dar y a compartir,
 los días amargos de la soledad habrán pasado.
Se creerá de nuevo en el espíritu.
Y los bárbaros habrán adquirido el derecho de ciudadanía.
Pero eso vendrá después de las guerras y de los incendios.
Eso surgirá de los escombros ennegrecidos de las Torres de Babel,
Y habrá sido necesario el puño de hierro para que se ordene el desorden.
Y para que el hombre encuentre el buen camino.

El hombre sabrá que todos los seres vivos son portadores de luz,
Y que son criaturas que deben ser respetadas,
Habrá construido ciudades nuevas, en el cielo, sobre la tierra y en el mar.
Conservará en memoria lo que fue, y sabrá leer lo que será,
Ya no tendrá más miedo de su propia muerte,
porque sabrá que su luz jamás se apagará."




El dios que esta en todas partes.

El dios que esta en todas partes.


¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?
(Jeremías. 23:23-24)
Dios tiene una cualidad que ningún otro ser posee: la Omnipresencia. Este atributo significa que Dios está en todas partes. Pero ¿cómo puede ser esto? Vamos a compartir este tema.
Es maravilloso, es algo que el hombre ni siquiera alcanza a comprender en toda su magnitud, pero es una realidad: no importa en qué lugar del universo estemos, jamás hallaremos un sitio donde no esté Dios. ¡Esto quiere decir que Dios está presente en todo lugar al mismo tiempo! No es que Dios se divida para estar en todo lugar, sino que toda su persona, con todo su poder y su gloria, no tiene siquiera la necesidad de moverse de un sitio a otro para dominar el escenario.
Esta verdad respecto a la Omnipresencia de Dios debería impresionarnos y hacernos vivir en santidad, pues queda claro que no podemos escondernos de Él para pecar. Recordemos siempre que Dios nos ve y nos oye en todo lugar y en todo momento.
I. La grandeza del universo y la Omnipresencia de Dios.
El universo es vasto y, según los expertos, continúa permanentemente en expansión.
Nuestro entendimiento no alcanza para abarcar sus límites. Cuando mucho, el hombre ha logrado dejar sus huellas en la luna, ubicada a unos 384 mil kilómetros de la tierra.
Dios ya estaba allí desde el principio.
Alcanzamos a ver al sol, ubicado a unos 150 millones de kilómetros. Mercurio, el planeta más cercano al sol, se encuentra a sólo 58 millones de kilómetros del sol. Plutón, un planetoide, se encuentra a seis mil millones de kilómetros de distancia y tarda 247 años terrestres para completar una sola órbita alrededor del sol. El sol mismo está a casi 150 millones de kilómetros de la tierra. Dios está allí, para el hombre es imposible; Dios llena todas esas distancias, todas esas órbitas, todos esos kilómetros, todos esos vacíos.
Según los astrónomos nuestra galaxia –llamada la Vía Láctea- mide 100 mil años luz de un extremo al otro. Un año luz es la distancia que la luz viaja en un año a su velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Esto da como resultado 9 billones cuatrocientos sesenta mil ochocientos millones de kilómetros en forma lineal. Es una extensión incalculable, y Dios está en un extremo, y en el otro, y en todo el trayecto. Las medidas en kilómetros son insuficientes para medir la inmensidad del universo. Dios no tiene ese problema. Él no tiene que viajar, Él no se desplaza: simplemente está en cada rincón de tan vasto universo.



II. Sólo Dios es Omnipresente.
Estar en todo lugar solo es posible para Dios porque, en esencia, «Dios es Espíritu»
(Juan 4.24). Él no «decide» ir a un lugar, ¡Él ya está allí!
Jeremías 23:23-24 ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
Versión PDT
Jeremías 23:23-24 »El Señor dice: “¿Es que soy Dios sólo de lo que tengo cerca? ¿Acaso no alcanza mi poder divino lo que está lejos? ¿Podrá un ser humano ocultarse en un escondite donde yo no pueda verlo? ¿No lleno yo con mi presencia los cielos y la tierra?”
Entendemos con esto que no hay tiempo ni lugar que escapen a Su presencia. En otras palabras, Dios no está limitado ni restringido al tiempo ni al espacio.
Sobre el tiempo:
2 Pedro 3:8 Más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
Sobre el espacio:
Sal 139:7-10 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, aún allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra.
Por nuestra parte no podemos siquiera soñar con la posibilidad de ser infinitos: nuestra vida tiene un límite, como también lo tiene nuestro cuerpo, nuestra presencia está sujeta a un solo tiempo y aun sólo lugar. Es decir, siempre estamos “aquí” y “ahora”; jamás podremos estar a la vez aquí y allá, nunca podremos estar ayer y hoy y mañana. Dios está.
Esta realidad hace abominable, por ejemplo, la llamada oración a los santos, la invocación de hombres y mujeres que vivieron en un tiempo en la tierra pero que ya no están más en ella. Cuando alguien hace una invocación de este tipo, está atribuyendo la omnipresencia, exclusiva de Dios, a una persona: Dios estuvo ayer y está hoy, aquí y allá, mientras que el santo estuvo ayer pero no puede estar ahora; en vida estuvo en un sitio a la vez, hoy no puede estar en ninguno aquí en la tierra. Las oraciones a los santos, evidentemente, son oraciones vacías, que no llegan a ninguna parte y que además ofenden a Dios.
Al describir nuestra finitud y limitación y contrastarla con la Omnipresencia de Dios, nos damos cuenta de nuestra pequeñez y de Su grandeza.
Isa 57:15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
Dios no está limitado por el tiempo porque es Eterno. Y tampoco está limitado por el espacio porque es omnipresente. Pero va incluso más allá: no sólo está en todo tiempo y en todo lugar sino que trasciende de esos conceptos. En esto consiste la revelación de sí mismo como
El Gran Yo Soy: Él es el que existe en sí mismo, el que no tuvo principio ni tendrá fin, Él es el que Es.
Él no tiene «pasado» ni «futuro». El «pasado» y el «futuro» son conceptos humanos, la eternidad es divina. Resalto aquí que tiempo y eternidad no son la misma cosa, y que la eternidad no es un «largo tiempo». ¡Su eternidad es por siempre y para siempre!
Pablo en Atenas.
Hechos 17:23-29 Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.
¿Hará falta abundar en semejante discurso de Pablo? Solamente, tal vez, concluir que la idolatría es una necedad.
III. La Omnipresencia de Dios y Su manifestación.
Surgirá la pregunta: Si Dios está en todas partes, ¿está también, por ejemplo, en un prostíbulo? La respuesta es sí: pero no se manifiesta.
La manifestación de Dios se percibe a través de lo que vemos y lo que sentimos. Dios está en todas partes pero no siempre se muestra, no siempre se manifiesta.
Dios, además, se manifiesta de diferentes maneras.
1Reyes 19:11-13. Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto.
Analicemos. El profeta Elías estaba en una cueva. Dios, obviamente, ya estaba allí. Este hombre experimentó cuatro manifestaciones mediante las cuales, en el pasado, Dios ya se había mostrado:
Primero fue un viento fuerte. Cuando Dios habló en el Sinaí con Moisés sus palabras eran como un torbellino entre relámpagos y truenos. Es decir, Dios se manifestó como un viento fuerte. Pero en el caso de Elías, Dios no venía en ese viento. Después vino un terremoto. Cuando el Señor descendió sobre el Sinaí, dice la Biblia, aquel monte temblaba porque Dios está allí. Más en ese terremoto tampoco estaba Dios. La tercera manifestación que vio Elías fue un fuego. Dios ya se había manifestado así a Moisés cuando le habló en la zarza que ardía. Más, ahora, Dios no estaba en el fuego.
Observemos que, aunque Dios se manifiesta en su soberanía como Él quiere, siempre lo hace de acuerdo con las Escrituras. De otra manera, correríamos el riesgo de ser engañados fácilmente como, tristemente, ocurre con muchos creyentes hoy en día que, por desconocer las Escrituras, se dejan llevar por manifestaciones espirituales ajenas al mover genuino de dios.
Finalmente, volviendo con Elías, vino un silbo, un viento delicado y apacible. En éste viento, declara la Biblia, sí estaba Dios.
Aprendamos la lección: Dios se manifiesta de muchas formas, pero no es posible encasillar Su presencia en tal o cual manifestación. Elías no era un profeta que andaba tras las manifestaciones de Dios, por lo que pudo discernir que Dios no estaba en las primeras tres manifestaciones como algún otro pudiera haber pensado. Por ello, Elías no salió de la cueva cuando se produjo el viento fuerte, cuando vino el terremoto, cuando ardió el fuego, sino que espero al silbo apacible. Todo creyente verdadero debe discernir cuándo Dios está manifestándose y cuándo no.
Ahora, entendamos que el mismo hecho de que Dios decida manifestarse o no hacerlo es parte de Su soberanía. Así, el hecho de que no haya una manifestación no significa que el Señor no está en medio de nosotros.
Mat 28:20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Primero fue un viento fuerte. Cuando Dios habló en el Sinaí con Moisés sus palabras eran como un torbellino entre relámpagos y truenos. Es decir, Dios se manifestó como un viento fuerte. Pero en el caso de Elías, Dios no venía en ese viento. Después vino un terremoto. Cuando el Señor descendió sobre el Sinaí, dice la Biblia, aquel monte temblaba porque Dios está allí. Más en ese terremoto tampoco estaba Dios. La tercera manifestación que vio Elías fue un fuego. Dios ya se había manifestado así a Moisés cuando le habló en la zarza que ardía. Más, ahora, Dios no estaba en el fuego.
Observemos que, aunque Dios se manifiesta en su soberanía como Él quiere, siempre lo hace de acuerdo con las Escrituras. De otra manera, correríamos el riesgo de ser engañados fácilmente como, tristemente, ocurre con muchos creyentes hoy en día que, por desconocer las Escrituras, se dejan llevar por manifestaciones espirituales ajenas al mover genuino de Dios.

Efe 1:17-23 …que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.