söndag 13 mars 2011

Dios y la Materia.




11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 
De acuerdo con la sentencia bíblica de Hebreos 11:3, todo aquello que podemos ver, tocar y sentir con nuestro cuerpo y medir con instrumentos científicos, procede de una realidad existente previa no perceptible por
los sentidos ni por los instrumentos científicos antes mencionados. Como el mismo texto dice, esta realidad solo es asumible desde la perspectiva de la fe (bíblica y cristiana, queremos decir), por lo que cualquier aproximación al presente artículo que carezca de tal orientación está apriorísticamente condenada al desengaño. La sentencia anterior hace no solo lícito, sino también conveniente considerar que existe un sustrato espiritual oculto, invisible, en el corazón de la materia; un sustrato que confiere a cada una de las partículas del universo sus propiedades esenciales, tanto estructurales como funcionales, y en el cual, por ser de naturaleza espiritual, se incardina (o cabe) “algo espiritual”. Esta noción de la materia, seriamente coincidente con las concepciones de las teorías físicas de vanguardia en el campo de la mecánica cuántica (fundamentalmente teoría de cuerdas), permite hacer una relectura del Universo, de su naturaleza, de sus leyes y su finalidad de modo que se tornan ante nosotros plenamente comprensibles ciertas realidades “para-físicas” o “milagrosas” registradas en las Escrituras y que desde siempre han desafiado la razón natural del hombre. Si asumimos el asunto de este
modo, ¿qué implicaciones tendría en nuestra forma de entender lo espiritual y lo material, la energía, el espacio y el tiempo? ¿puede ayudarnos a entender la hermosa creación de Dios de una forma sencilla y, a la vez, apasionante? Para empezar, consideremos una caja de cartón ordinaria. Es un espacio tridimensional en el que caben objetos tridimensionales. Pues de este mismo modo, en este “sustrato de dimensión espiritual” constituyente de cada partícula del universo físico, cabe o puede incardinarse el espíritu. Es decir, Dios puede dar o poner espíritu de vida sobre la materia porque ésta tiene en su interior“espacios” o sustratos de una dimensión espiritual habilitados para ello. 


Este constituye el enlace entre espíritu y materia; un engranaje con resolución atómica y perfecta sobre cada partícula del universo. De acuerdo con las Escrituras, Dios puede ordenar a un espíritu inmundo que abandone la posesión del cuerpo de una persona, y puede ordenar al espíritu de un hombre fallecido volver a ocupar su materia original (resucitarlo); puede “incardinar espíritu en” y “corporeizar la” materia. ¿Dice en vano Jesús: “…”os digo que puede Dios, aún de estas piedras, levantar hijos a Abraham”? ¿Cómo puede Dios, ser espiritual, tener operatividad efectiva sobre la materia?... A partir de dicho sustrato de dimensión espiritual en el corazón de cada partícula (ya que éste, según su vibración, confiere a cada corpúsculo sus características constitutivas y funcionales), Dios, que gobierna el universo espiritual y físico, puede alterar totalmente la materia. Esto incluye transformarla (ej. alimentar a una gran multitud con cinco panes, o a todo un pueblo en el desierto durante 40 años, crear tejidos biológicos donde no los hay, sanar a un hombre ciego), gobernar las leyes físico-naturales (ej. caminar sobre el mar, aparecer en un lugar, producir la aparición de un ángel en forma corporal humana, transponer la materia o a un ser humano, impedir que el fuego queme el cuerpo de una persona), y tener poder sobre cada acontecimiento no solo físico, sino psíquico, tal como podemos leer en la Biblia (“crear en mí un corazón puro”, cegar el entendimiento de los hombres; quizás cerrar la boca de los leones). 
Todo esto tiene una implicación muy importante. Debido a que toda la materia que existe contiene (o se sustenta sobre) un sustrato de dimensión espiritual, Dios tiene gobierno sobre cada partícula subatómica del universo físico; todo le pertenece y puede actuar sobre todo lo físico que existe en el cosmos. Esto es, Dios es omnipresente (está en todo) y es omnipotente (no hay cosa que no pueda hacer). Además, también conoce todo cuanto acontece en cada lugar, conoce cada pensamiento e intención del corazón, la posición exacta de cada persona, lo que ocurrirá en el futuro, y un largo etc. Es decir, en virtud de este principio, Dios es también Omnisciente. Esta reflexión está en perfecta sintonía con la tradición teológica del poder de Dios, y también con el antiguo concepto metafísico de que “todo está unido en el universo”, intuición que ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia y ha quedado múltiples veces reflejada en producciones literarias de grandes hombres del pensamiento. 

Si la materia tiene como constituyente un sustrato espiritual, no es de extrañar que la naturaleza lo refleje a través de estas formas tan bellas como son las montañas, ríos, valles, vegetación, nieve, cuerpos celestes, galaxias, nebulosas, etc. Podemos considerarlo como algo parecido a algunos cristales naturales preciosos, que adoptan la misma forma física que la estructura interna de su enlace atómico. Es decir, la naturaleza física refleja la hermosura de su constitución espiritual: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1). Esto es motivo de alegría para el creyente, toda vez que cambiará definitivamente su forma de conceptualizar el mundo que le rodea y la materia de la naturaleza. Si cada cosa física que existe está materializada sobre una realidad espiritual (si ha sido hecho lo que se ve de lo que no se veía), trataremos las cosas con sumo respeto y humildad, sabiendo que todo es hermoso y pertenece en propiedad a su Creador. ¿Tiene esto alguna implicación sobre la energía o afecta solamente a la materia? Si recordamos uno de los más interesantes logros de la física del Siglo XX, materia y energía son dos formas absolutamente intercambiables del mismo fenómeno físico. Por tanto, el mismo sustrato espiritual constitutivo de la materia lo es también de la energía. Esto implica que el gobierno de Dios no es solo sobre la materia (pudiendo actuar sobre ella), sino también sobre la energía pudiendo generar procesos altamente energéticos o “portentos” en condiciones en las que no cabe esperar que ocurra nada; esto es, de forma inesperada, en el lugar y momento que el propósito de Dios determine para su gloria y para bendición de sus hijos. ¿Recordamos la columna de fuego que protegía y guiaba al pueblo de Israel en el desierto? Ahora bien, las implicaciones del texto de Hebreos 11:3, si hemos de entenderlo de esta manera y llevarlo hasta sus últimas consecuencias, alcanzan de una forma significativa y admirable a otros conceptos no menos intrincados, propios de la física moderna, como son el “espacio” y el “tiempo”. ¿Cómo afecta al espacio?... Sencillo. Siendo el sustrato espiritual de la materia un espacio habilitado para su ocupación por un ente espiritual, y pudiendo así mismo ser ocupado no solo por uno, sino por dos o más entes espirituales (ej. el Espíritu de Dios que mora en mí, o también la “posesión demoníaca” de un demonio o de legiones de demonios), el universo de lo espiritual no está limitado por las mismas leyes del espacio material según las cuales dos objetos no pueden ocupar simultáneamente el mismo espacio debido a la repulsión electromagnética. Es decir, el universo espiritual no está sujeto a las mismas restricciones espaciales que eluniverso físico. Pero… ¿También afecta al concepto de tiempo? Si según las Sagradas Escrituras un ente
espiritual, por ejemplo un ángel, puede materializarse en cualquier parte del universo físico de forma instantánea (y no solo un ángel, pues a Enoc lo llevó Dios, y Jesús apareció ante sus discípulos a puerta cerrada), esto
implica que “no media ninguna unidad de tiempo para el transporte” de dicho ente, lo cual supone una clara y´absoluta disolución del concepto de “tiempo” en el universo de lo espiritual. ¡Qué hermosas y trascendentes
implicaciones tiene la revelación bíblica sobre las concepciones de la física moderna en torno al espacio-tiempo, la energía y otros aspectos de nuestra vida cotidiana! Las consecuencias de este modelo interpretativo del texto que encabeza nuestro discurso (Hebreos 11:3) son muy numerosas y sintonizan a la perfección con la innumerable cantidad de fenómenos sobrenaturales de la Biblia. El hombre de ciencia moderno trata de encontrar las bases constitutivas de la materia, pero no puede admitir las verdades de naturaleza espiritual porque no son reductibles a una fórmula físico-matemática unificada (como trata de hacer la teoría de cuerdas en su esfuerzo por unificar la TGR de Einstein con la Mecánica Cuántica), ni son susceptibles de experimentación en un laboratorio de física de partículas. Desde este punto de vista, la ciencia permanece en la dimensión reducida de “lo material”, y carece de la perspectiva de la dimensión espiritual que es la que da sentido a todo, desde la existencia del universo y su finalidad hasta la misma autoconsciencia humana. A.G.E.



Fuentes: • Broadman & Holman (Publishers) (1995): Biblia de estudio arcoiris. HBP: Nashville • Brian R. Greene,
The Elegant Universe: Superstrings, Hidden Dimensions, and the Quest for the Ultimate Theory, 1999 [El
universo elegante, Ed. Critica, Drakontos, ISBN 84-8432-781-7, 2006.] • Rees, Martin (2006), Universo: la guía
visual definitiva, Pearson Alhambra. ISBN 978-84-205-5141-8. 4


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